En los Pirineos, cuando apenas la nieve acaba de derretir su manto, un día cualquiera del final del invierno, sale el sol.

Las prímulas después de muchos inviernos han aprendido.

Saben que deben apresurarse a crecer, anticiparse al resto de las plantas y que sus flores vean la luz antes de que las hayas desplieguen su tupida cúpula caduca y el bosque quede bajo su verde sombra para el resto del verano.

 

La historia de las prímulas inspiró este cuadro a la pintora Cristina López.

Esta metáfora y esta imagen nos acompañan desde nuestros inicios.